Coopertoners

martes, 22 de enero de 2013

Los (otros) diez mejores discos del año


LOS DESCONOCIDOS DEL POP Y EL ROCK DEL 2012


Como el asesino que siempre regresa al lugar del crimen, con cada cambio de año llega el turno de toda clase de podios dentro del mundo del rock y el pop. Con la selección de largas y variadas listas de discos se intenta resumir y rescatar lo mejor de los doce meses que pasaron, entre los que se suelen ver nombres conocidos y –por suerte– también otros que no lo son tanto. Una vez más rastrillamos los elegidos de los medios más representativos del mundo musical internacional para repasar coincidencias, compartir curiosidades y rescatar esos tesoros ocultos detrás de los más destacados.


Ondatrópica

Ondatrópica
A la manera del Buena Vista Social Club cubano, Ondatrópica reúne a un auténtico seleccionado de varias generaciones de intérpretes de los ritmos más clásicos de la música colombiana para crear una obra que sirva para recuperar su historia. Concebido por el músico bogotano Mario Galeano junto al productor británico Will Holland (Quantic), fue un proyecto desarrollado por el British Council para presentar un espectáculo a mediados del año pasado en Londres. Grabado en Medellín, su resultado terminó excediendo los objetivos, y el disco resultante terminó ganándose un lugar entre los mejores del año en el rubro músicas del mundo, tanto en Francia como Gran Bretaña, gracias a su ritmo irresistible y también a canciones inmortales como “Dos lucecitas”.

Father John Misty

Fear Fun
Una década lamiendo sus heridas y pretendiendo buscar la verdad bajo la forma de canciones es lo que necesitó J. Tillman antes de poder encontrar una nueva voz –profunda, además, en muchos sentidos– bajo el nombre de Father John Misty. Algo que logró, ha contado más de una vez, subiéndose a una camioneta en Seattle con una cantidad de hongos suficiente para voltear a un caballo, y manejando sin rumbo, buscando un lugar donde escribir una novela. “Corrí por la ruta, con mis pantalones a la altura de la rodilla, gritando”, canta Tillman en “I’m Writing a Novel”, uno de los admirables temas del disco por el que abandonó su puesto de baterista de Fleet Foxes, cambió la lluvia por el sol de Laurel Canyon y de la mano de Jonathan Wilson descubrió un mundo nuevo.

Julia Holter

Ekstasis
Hay algo mágico y etéreo en la obra de esta cantante, compositora y multiinstrumentista de Los Angeles, que con su segundo trabajo se ha ganado comparaciones con Laurie Anderson, Kate Bush o Stereolab, colándose en las listas de los mejores del año pese al carácter experimental de su música. Hija de un músico que llegó a tocar con Pete Seeger y una eminente historiadora, Holter se graduó en composición en CalArts, y parece poner en funcionamiento todos sus conocimientos académicos para perseguir la canción, pero sin preocuparse por alcanzarla. El resultado es hipnótico y lleno de texturas, y recuerda también a referentes confesos como Joni Mitchell o Robert Wyatt, artistas que no les temen a los rodeos ni piensan que todo es estribillo.

Silvia Pérez Cruz

11 de Noviembre
Aprendiza de la canción siguiendo a un padre intérprete de habaneras de bar en bar, la voz etérea de Silvia Pérez Cruz ha cruzado fronteras en Europa y despertado suspiros del público entendido con su deslumbrante primer disco como solista, producido por Raúl Fernández (Refree), que también estuvo a cargo de su único trabajo junto al cuarteto femenino Las Migas. Catálogo virtual de todos los estilos e idiomas posibles del folk mediterráneo, 11 de Noviembre remite a la fecha del nacimiento de su progenitor, que inició a esta nacida en Girona en un mundo que desde hace tiempo maneja con una pasmosa naturalidad, cantando en castellano, gallego, portugués o catalán, tanto un fado minimalista como cualquier delicioso derivado del flamenco.

Spoek Mathambo

Father Creeper
Cuando Mathambo asegura que lo suyo es post hip-hop, seguramente se refiere al hecho de que su música contiene multitudes, las de un tercer mundo decidido a canibalizar la música del primero, sin olvidar la propia. Nacido en las batallas callejeras del Soweto que la política sudafricana supo conseguir, un cuarto de siglo más tarde su frenético eclecticismo niega cualquier apartheid musical. Si para su debut se atrevió con una versión house de Joy Division, en este consagratorio segundo álbum se permite mezclar batería tradicional con la electrónica, entremezclar coros deudores del soul con sus versos rítmicos, y dejar escuchar aquí y allá los punteos de una guitarra que remite a otras tradiciones de la música sudafricana.

Lescop

Lescop
Con su álbum debut como Lescop, el francés Mathieu Peudopin revive el blanco y negro de la mejor new wave de los ’80, con un pie –aseguran sus evangelistas– en el París del primer Etienne Daho y el otro en el Manchester de Joy Division. El resultado es un trabajo que invita al baile y al mismo tiempo hipnotiza, editado por un sello con un nombre más que apropiado: Pop Noire. Es el refugio de Johnny Hostile y Jehnny Beth –más conocidos como John y Jehn– sus cómplices en el proyecto con el que el treintañero Peudopin se reinventó después de una década con el grupo Asyl. Primero con un EP editado en el 2011, y en octubre del año pasado con este Lescop, al que se recomienda asomarse empezando por el irresistible “La nuit américaine”.

Actress

R. I. P.
Como la música que un DJ comienza a hacer escuchar cuando la pista se ha vaciado y está empezando a clarear. Así es como muchos han elegido describir el paulatino desarrollo del elaborado tercer disco del londinense Darren Cunningham, un ex jugador de fútbol del West Brom que a causa de una lesión terminó convirtiéndose en una nueva estrella en la ruta pavimentada antes por artistas como Aphex Twin, Burial o Joy Orbison. Album doble en vinilo, con cuatro caras muy distintas y complementarias, cuando Cunningham explica R.I.P. menciona obras como La música de las esferas o El paraíso perdido, de Milton. Una fascinante crónica de ritmos crepusculares narrando un intrincado ascenso después de la caída hasta resucitar en la pista de baile.

Japandroids

Celebration Rock
La gran sorpresa rocker del año, al segundo disco de este dúo canadiense le alcanza con ocho canciones en poco más de media hora para detonar cualquier noche. “Si te dicen que bajes un cambio/ deciles a todos que se vayan al infierno”, cantan en “The House That Heaven Built”, un himno alcohólico –¡con oh-ohs y todo!– que podrían haber firmado tanto The Hold Steady como los Replacements, amén. Oriundos de Vancouver, el guitarrista Brian King y el baterista David Prouse logran por su cuenta un sonido que es la envidia de cualquier banda numerosa, con el que logran invocar el espíritu del mejor rock de bar dispuesto a plantarle la cara al mundo, encogiéndose de hombros y dedicándole su mejor golpe al mismo tiempo.

Thee Oh Sees

Putrifiers II
Alguna vez, hace unos quince años, Thee Oh Sees fue simplemente la excusa para que el guitarrista John Dwyer encarnase su lado más experimental. Pero con el correr del tiempo ha ido evolucionando hasta convertirse, primero en su grupo titular y, con la edición de este séptimo opus, en la banda más interesante del fascinante rock de garage de San Francisco. Con una promiscua fertilidad, los grupos de la escena editan simples, EP y discos sin parar, y por eso es que este único disco del 2012 de Dwyer alcanza a resumir con madurez las amplias intenciones de su psicodelia–noise de garage, permitiéndose acercarse al heavy en el tema que bautiza el álbum, pero también sonar deliciosamente mercuriales y sesentistas en la atesorable “Goodbye Baby”.

Jake Bugg

Jake Bugg
Aun no tiene veinte años, y ya desplazó a los Mumford & Sons del número 1 en Gran Bretaña a caballo del hit “Two Fingers”. Nuevo fenómeno de la música británica con un admirable álbum debut homónimo, es imposible no ceder a la tentación de compararlo con otros talentos que conocieron el éxito de jóvenes, como Roddy Frame o Alex Turner. Bugg ha confesado no haber tenido ningún interés en la música hasta que, a la tierna edad de 12 años, quedó hipnotizado al escuchar “Vincent”, de Don McLean, en el episodio de Los Simpson en que Lisa se interesa por la astronomía. Un tío le enseñó a tocar la guitarra, y a partir de ahí –explicó con admirable ingenuidad– todo fue imitar a Los Beatles para las notas altas y a Johnny Cash para las más bajas.

Para esta selección fueron tomadas en cuenta las listas de los diarios The New York Times, The Guardian y Libération, las revistas Mojo, Q, Uncut, Rolling Stone, Inrockuptibles, NME, Magnet, Paste, Spin y The Wire, y los sites especializados Pitchfork, Efe Eme y Metacritic, entre otros.

Página / 12 RADAR Domingo 20 de Enero de 2013. Por Martín Pérez.

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