Coopertoners

martes, 8 de enero de 2013

Kumbia not dead


En el fabuloso mundo de Kumbia Queers, las fronteras serían un invento creado por el periodismo sensacionalista. “Somos combo internacional tomamos fernet, tomamos mezcal”, cantan en Kumbia punk, una especie de compendio que abre su nuevo disco Pecados tropicales y resume un poco de qué va KQ, léase Ká Cú, como ellas mismas se designan. Una plataforma guitarrera de surf, el son cumbiero del teclado y las bases percusivas acompañadas por el sonido del infaltable rallador, explican tácitamente el tropipunk. Qué combinación más explosiva. Unos seis años les llevó a esta banda de rockeras fanáticas de los zombies encontrar el sonido exacto de la cumbia mixturado con el toque preciso de garage, punk y surf.
El Festival Belladona organizado por She Devils se encargó de escribir la historia en 2007, hilvanando los hilos entre México y Buenos Aires. Allí tocó Ali Gua Gua con su banda mexicana Ultrasónicas, Juana Chang hizo lo suyo con sus canciones llenas de gracia e indie y She Devils era la frutilla del postre. La música entonces trascendió no sólo fronteras sino también géneros. Y el encanto de las argentinas con Ali fue tal que enseguida quisieron formar una banda, pero la mexicana se negaba a tocar rock. Y como los prejuicios son cosas de personas mayores o de gente seria, las She Devils (Pat Combat Rocker; Pilar Zombie e Inésphektor, nombres de militancia tropipunk para quienes tocan el bajo, la guitarra y la batería, respectivamente), Juana Chang (charango y voz), Ali (voz y güiro) y, más tarde, Flor Linyera (teclados) armaron Kumbia Queers, una banda de chicas para chicas. “Viste que cuando te llevás bien con alguien que toca, enseguida querés hacer una banda”, decía Pat al NO en aquel comienzo.
Los Ramones, The Cure, Black Sabbath, Bronco, Nancy Sinatra y Madonna, versionados al castellano y en tono de humor, fueron los conejillos de Indias que sirvieron para que las seis dieran el “sí, quiero”. En aquel comienzo temían por las represalias que el rock del under podía llegar a tomar, pero los chicos se sacaron el sombrero ante esta banda cumbiera que puede sonar más poderosa que muchas de rock. “Al principio era un desafío ver qué canción convertíamos, hasta que en medio de la risa empezamos a ver que quedaban buenísimas”, contaba Pilar Zombie. “Nosotras no agarrábamos una. Bah, yo no tenía nada que ver; fui a ver a un amigo mío y Octavia (ex tecladista de KQ) también me ayudó”, contaba Pat, fiel exponente del punk y el DIY en aquella entrevista.

Tocaron de oído y de onda el ritmo tropical, les cantaron a las chicas y se llamaron queers para reírse una vez más de los estereotipos, esta vez, de los sexuales. Así se promulgaron libres de respetar cada elección e izaron esa bandera que aún hoy agitan. “Lo que está bueno es que no queremos militar por la homosexualidad, ni nada, sino porque cada uno sea libre para ser lo que quiere ser o sentir, pensar lo que quiere, no ponerse una etiqueta”, dice Inés y agrega Juana: “Celebramos la diversidad de pensamientos, ideas, formas, que cada uno sea como quiere ser o como se imaginó”. De la mano de la ley del matrimonio igualitario y la identidad de género, se abre un abanico en pos de la paridad que KQ festeja, aunque se muestran disconformes con el paso atrás que se dio con el veto de la despenalización del aborto. “Me parecería importantísimo lograr la despenalización del aborto, pero me parece que sucedieron un montón de cosas positivas con todo lo que tiene que ver con la libre sexualidad, cosas que me parecían imposibles hace un par de años. Creo que la marcha este año va a ser una fiesta”, dice Pilar Zombie, y se refiere a la Marcha del Orgullo que se llevará a cabo el sábado 10, como todos los años en la plaza Congreso, y donde ellas tocarán.
* * *
Las KQ se recibieron de cumbieras después de haber ido tras el sonido en la academia de Pablo Lescano, quien produjo su anterior disco, La gran estafa del tropipunk (2010), con colaboraciones de Quique Rangel (Café Tacuba), Toy (Control Machete), Flavio Cianciarulo y Hugo Lobo. A partir de ahí, una autonomía sonora destacable manda en el tercer disco, inspirado en el guión que Manuel Puig escribió a su musa Sonia Braga donde decreta siete pecados tropicales (preocuparse, trabajar, pedir, dar, soñar, odiar y amar; todo en demasiadas dosis) que las seis rockeras cometen y no piensan evitar. El envión de KQ no paró nunca y cada vez tomó más velocidad, al experimentar en Kumbia nena (2007) con seis covers y tres temas propios; cifra que se revirtió en el siguiente disco, donde Ali y Juana cantaban las canciones; mientras que en el último trabajo casi todas las integrantes compusieron temas.
La mezcla de profesionalismo, travesura y novedad las llevó de gira tres veces por Europa (donde se topaban, por ejemplo con los colombianos de Bomba Estéreo y a Systema Solar le pisaban los talones), y otras tantas por México. “Cuando estábamos de gira con las KQ en México nos invitaron a She Devils para abrir el recital de Misfits, fuimos a la conferencia de prensa de ellos y le llevamos un disco de las KQ y el baterista, que en ese momento era Robo, que es colombiano, estaba fascinado, porque dice que el punk-rock y la cumbia se juntan “y yo soy colombiano y amo la cumbia, es lo que escuchaban mis padres, mis abuelos, y decía esto todo vestido de calavera; y los Misfits son el signo zombie más punk que existe. Se nos da esa mezcla así: tropizombie, que nos gusta mucho”, cuenta Pilar.


El arte de Pecados tropicales habla antes de pinchar el disco, es una invitación per se a verlas y escucharlas. Sobre un fondo de colores fuertes que remiten visualmente a Centroamérica, cuna innegable de la cumbia, se lucen las palmeras, los tigres y las estrellas; son stencils que creó Pilar Zombie en sintonía con la figura de ellas tocando. La pared del Horror Kumbia Studios toma vida, se vuelve poster y se las ve a las seis cantando enérgicas, según el voltaje que sus cabezas expelen. Do it yourself o muerte parece decir el concepto de Pecados tropicales. Un fanzine envuelve el disco, también editado en vinilo por el sello austríaco Comfort Zone; y la perlita es, como a las chicas les gusta destacarse y no proceder de la misma forma que los demás, el formato de 15 por 15 centímetros, lo que no permite ubicarlo con el resto de los CDs e invita a ser exhibido sin más opción. Habrá entonces que colorear la pared y hacer honor al signo de esta época que busca de la diversidad y la igualdad entre los géneros, tanto en la música como en la sexualidad y el sexo.

–¿Cómo fue la grabación de Pecados tropicales, teniendo en cuenta que Ali está en México?

Pilar: –Es poco el tiempo que tenemos para trabajar juntas. Nos encontramos por ejemplo en Alemania, trabajamos arriba de la camioneta, giramos, vamos a las pruebas de sonido y cada tanto, una o dos veces al año, viene Ali acá y es donde podemos trabajar concentradamente.
Juana: –Nos vemos seis o siete veces al año y estamos todo el día juntas. Muchas canciones fueron compuestas en la sala, zapando; otras son más individuales; otras son colaboraciones. Hay una que es una versión punk–rock de un tema de cumbia que es una cumbia venezolana (N. de la R.: Caballo viejo). Tenemos un tiempo de encuentro en Buenos Aires en el estudio, esperamos a encontrarnos para mostrarnos las cosas, hace un tiempo tratamos de ensayar por Skype, pero no nos resultó. Nos divirtió la experiencia, pero el tiempo cuando estamos juntas en la sala es muy creativo y muy intenso. Creo que todas guardamos las ideítas para mostrarlas ahí.

–¿Cuánto de sorpresa tiene esta dinámica de trabajo?

Juana: –En general, depende el tiempo que tengamos; nos emborrachamos, nos contamos lo que estuvimos haciendo y a veces directamente salimos a tocar. Cuando tocamos, no sabemos a dónde vamos a ir a dormir, a veces en el piso, una cama, y a veces un jacuzzi en un hotel de seis estrellas: la sorpresa con nosotras es permanente. Y después está la alegría del reencuentro. Se la extraña mucho musicalmente cuando a Ali no está. Pero también estamos tanto tiempo juntas nosotras que viene bien ese aire.
Florencia: –Igual acá estamos todo el día juntas, aunque no toquemos, terminamos yendo a los recitales juntas.

–¿Cómo fue la relación con Pablo Lescano?

Juana: –Muy buena, fue muy bueno él. Lo conocimos en una Zizek, fue un encuentro, nos festejamos, nos gustó encontrarnos y nos invitó a su estudio. Ahí grabamos dos temas y cuando en el próximo disco se nos presentó la posibilidad de elegir un productor, elegimos a Pablo porque nos había gustado mucho lo que habíamos hecho y estuvo buenísimo. Fue compartir y grabar, y hacerlo sufrir porque no estaba acostumbrado a seis mujeres: nosotras somos un bloque muy fuerte y opinábamos todo el tiempo.
Florencia: –Patricia tiene una revista donde hay una nota a Pablo en ese momento y él empieza a hablar: “Son seis minas que me estoy bancando en el estudio” (risas).
Pilar: –Fue muy divertido, lo queremos mucho, se dio así, una relación muy buena, de trabajar mucho. A las 10 de la mañana estábamos ahí en la puerta de su estudio, trabajamos y nos divertimos un montón, aprendimos.
Florencia: –Después, cuando estábamos de gira, justo nos encontramos en el aeropuerto con los Damas Gratis, ellos iban a Madrid y nosotras a Barcelona; y cuando estábamos en Barcelona, Pablo habla por teléfono. Se alquiló un auto y se vino de Madrid hasta Barcelona. Siempre está ahí re alerta, el chabón.

–Las apadrinó.

Inés: –Sí, si él quiere...



–Y las apuntaló en la búsqueda del sonido de la cumbia.

Inés: –Fue muy importante ver cómo hacen las cosas una banda originalmente de cumbia.
Juana: –Nos enseñó ese código, nos llevó a tres bailes seguidos, nos mostró a sus músicos, lo que hacían, fue muy generoso en el compartir, vino a cumpleaños y se puso a tocar el teclado, compartimos cosas bien lindas siempre, es muy relajado, te empezás a divertir enseguida y es muy generoso. Nos gustó eso, que nos mostrara el código. Nos pasó a buscar un viernes a las 2 de la mañana y nos fuimos a hacer esas tres fechas. Nos presentó a la familia, a la tía.
Florencia: –Le gusta hacer eso con la gente, los sube a la camioneta y les muestra ese mundo.

–¿Lograron vincular la cumbia con la escena del rock under?

Pilar: –Yo creo que sí, siento que hubo un nexo entre nosotras y la mezcla del rock. Es muy loco porque el prejuicio es tan grande... Nos pasó a nosotras en la banda. Si te gusta la música surf, Dick Dale ponele, y si escuchás lo que hacían Los Mirlos, Los Destellos de Perú, Juaneco y su Combo, es imposible que no te guste la cumbia; porque era surf mezclado con un toque de cumbia. Lo mismo si te gusta el reggae o te gusta lo que hizo The Clash en su momento o los Ramones. Es muy mental que no te guste lo que hacen acá o lo que hicieron los de la cumbia villera. Es una traba muy grande que tenés vos en tu cabeza. Es algo muy latinoamericano, eso es lo bueno. Está buenísimo que la atención en Estados Unidos o Europa está puesta en esto y es algo de lo que participa toda Latinoamérica. Es un foco de infección gigante.
Juana: –Los Decadentes es punk tropical. Pero yo creo que justo también, en el mismo tiempo que nosotras estábamos empezando y tocando por México, empezó la Zizek, que renovó bastante el público de la cumbia, como que pasó a ser una fiesta. Yo estuve en México ocho meses, volví y estaba todo Niceto bailando cumbia en la Zizek, explotaba. Creo que también pasó un fenómeno. Por otro lado estaba Bomba Estéreo, Systema Solar; en Chile estaba Chico Trujillo, Afrodita en México, Changorama, Amandititita, había algo más global. Hubo una explosión general, pero yo creo que lo nuestro es más rockero, no nos sentimos parte de esa movida, aunque fue algo bastante general en varios aspectos.
Florencia: –Yo empecé a escuchar cumbia y te das cuenta de que hay cosas buenas, onda “este tema de Damas Gratis está bien”. Si te gusta Flema, ¿cómo no te van a gustar los Pibes Chorros? (N. de la R.: En Pecados tropicales hay una versión de Metamorfosis adolescente de Ricky Espinosa).

–¿Y hay alguien con quien les gustaría tocar?

Inés: –Con Los Decadentes.
Pilar: –Bueno, en el Vive Latino tocamos el mismo día, pero eso ya es colarse.
Juana: –La verdad es que nos queremos subir en el escenario de Los Decadentes. Es nuestro sueño.

Julia Gonzalez. Página / 12. Jueves 1 Noviembre de 2012

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