Coopertoners

jueves, 21 de marzo de 2013

Skinheads SHARP


Suena el teléfono en una modesta casa de José C. Paz, en el noroeste del Gran Buenos Aires. Una mujer atiende del otro lado y duda unos segundos cuando le preguntan por un joven llamado Juan Carlos. “Ah, vos querés hablar con el Negro. Ahora te paso”. Primera desmentida: los rumores que pintan al skin local procedente de barrios ricos y dueños de un manifiesto racismo no son ciertos. Por lo menos en este caso. El Negro Varela edita hace ya tres años el fanzine Golpe Justo -Casilla de Correo 89 (1665), José C. Paz, Buenos Aires-, primer pasquín skinhead que difundió el sharp en el país. El motivo que lo impulsó a hacerlo fue la total ignorancia de la gente respecto del verdadero skinhead, el de la fusión de dos razas unidas por el ska y que desembocó en sonidos más duros con el punk y el oi!.
“Por suerte, muchos curiosos se acercaron al zine y le cazaron rápido la onda al sharp. Al principio quedaron anonadados de que una revista que se autodenominaba skinhead hablara en contra del racismo, pero la idea llegó a lugares como Mendoza y Rosario, donde hay bandas y fanzines”, cuenta el Negro entusiasmado.Por otro lado, dice que los sharps están en el medio de un fuego cruzado, como blanco fácil de todas las críticas: “Hay gente a la que le cuesta creer que no somos fascistas, que podemos estar en un recital de Fun People sin molestar a nadie y que no tenemos posturas de matones. Paradójicamente, es gracioso que los skins fachos nos consideren comunistas cuando tampoco lo somos, solamente porque no pensamos como ellos”, dice. Así como hay boneheads en Buenos Aires, la mayoría de ellos asentados en la zona de Tigre y aledaños, también hay varios sharps antirracistas de barrios de Capital y provincia que se juntan para ver a la banda oi! Grito de Unión, a los skacore Espías Secretos o a los two tone Satélite Kingston. Los sharp admiten no tener problemas con nadie que no sea como ellos. “Con nosotros paran heavies, punks y hardcores. Tenemos amigos rolos y hasta homosexuales. No somos como los nazis, que les pegan a los que no son como ellos, porque toman drogas o tienen el pelo largo”.


Adrián, otro sharp que participa de la charla, insiste en aclararle al fotógrafo desconcertado y al mismo tiempo entretenido en retratar con su cámara los parches antirracistas de la campera, que ellos no son como los que muestran los medios de comunicación. Y que se aclare bien que no son fascistas. “Es que una vez, en un diario utilizaron unas fotos de skins con prendedores de sharp y del sello Trojan para una nota sobre boneheads”, dice enojado. La confusión, está claro, existe y no les cae nada bien. Por eso dicen: “Los medios son los culpables de confundir a la gente con esta idea de que el ser un skin es ser nazi. Lo hipócrita del caso es que muchos periodistas saben que no es así o deberían saberlo, porque les informamos varias veces enviándoles material sobre el sharp. Hasta hicimos un reportaje para otro diario grande que hasta el momento no lo publicaron. Prefieren ignorarnos y no aclarar los orígenes policulturales para seguir vendiendo sensacionalismo a la gente”.
Ni siquiera en los días patrios llevan una escarapela o cualquier otro símbolo nacional y tan solo despliegan una sábana con el logo del sharp en un momento del encuentro con el NO. “No usamos banderas nacionales en nuestras camperas porque las usan los boneheads, pero no tiene nada de malo llevarla porque los símbolos patrios como la bandera celeste y blanca es del pueblo, de la gente y no de los militares o la policía. Pasa que está mal visto y te tildan enseguida de facho”, razona Adrián. El reciente juicio y encarcelamiento a tres nazis que golpearon a un joven en Belgrano puso a los skinheads nuevamente en boca de todos. “Detrás de estos tres pibes que fueron presos hay un partido político de extrema derecha (Movimiento Nuevo Orden) que maneja a varios boneheads afiliados. Sería mejor que la justicia se ocupe de vigilar las actividades del MNO en lugar de aplicar la Ley Antidiscriminatoria y hacer circo para contentar a la DAIA, por una simple pelea callejera entre bandas juveniles”, dicen. Yrematan con una sentencia-deseo. “En todos los medios sacaron artículos sobre el caso, pero sólo en la revista Luna nombraron al pasar al sharp y a los redskins como otras corrientes skinhead. Ojalá que después de esto nuestra imagen cambie.”



Ser SHARP 

El Movimiento SHARP (Skinheads Against Racial Prejudice), es decir, los skinheads contra los prejuicios raciales, fue fundado por Roddy Moreno, un angloespañol vocalista de la banda galesa The Oppresseds y fundador del sello Oi! Records. A mediados de los 80, cansado de que los afiliados del National Front usurparan la imagen de los verdaderos skinheads, Moreno se propuso propagar el sharp alrededor del mundo. Por otro lado y con la misma intención que los sharp, pero con una tendencia izquierdista y mucho más radical, nacieron los redskins y los RASH (Red & Anarchist Skinheads) rojos hasta los tuétanos. En España e Italia, ambas corrientes son tan fuertes como el Blood & Honour lo es en Alemania y han llegado a enfrentarse contra los simpatizantes de Franco y Mussolini en sus respectivos países. Un dato de color: los ultras (barrabravas) del Real Madrid y el Barcelona tienen secciones de skinheads divididas por sus diferencias ideológicas. Los rojos tienen buena relación con sus pares de otras regiones, sin importarles su condición de vascos, gallegos o catalanes. Todos se juntan y organizan con un solo objetivo: combatir a los fascistas.
Génesis 

“Quiero ver a todos los skinheads pararse, amontonarse y hacer ruido con sus borceguíes mientras bailan al son del ska”, dice la letra de “Skinhead Moonstomp”, viejo tema de Symarip, un grupo de reggae de los 60. Fue a principios de esta década que Jamaica obtuvo su independencia del Reino Unido y muchos de sus habitantes emigraron hacia los barrios bajos del East End de Londres, en busca de un futuro mejor. Entre el poco equipaje que exportaron estaban los primeros simples de ska y reggae que se habían editado poco tiempo antes en la isla. Los jóvenes jamaiquinos -rude boys, los llamaban-, amantes de ambos ritmos, comenzaron a relacionarse con sus pares ingleses en el mismo lugar de convivencia. Los blancos, sobre todo de las clases bajas, admiraban su música y su manera de bailar. Y les copiaron el look de aire trabajador: pelo corto, borceguíes, jeans ajustados y tiradores. Cansados de que sus caros trajes y zapatos se arruinaran en las luchas con sus rivales rockers en los Bank Holidays (feriados largos), los mods se dieron cuenta de que habían encontrado nada más y nada menos que un uniforme con identidad working class ciento por ciento. Mientras tanto, el botón de la rasuradora bajaba del punto cuatro al uno y el pelo se cortaba cada vez más corto. Así de simple, nacieron los skinheads, como una ramificación agresiva de los mods. En realidad, al principio se los llamó hard mods, pero rápidamente se los bautizó con el temible término con el que se había denominado también a los infantes de marina al finalizar la Segunda Guerra.
Cabeza hueca 

El revival skin que determina el actual estado de las cosas llegó en los setenta con el estallido del punk y el two tone ska de Madness y The Specials. Las calles se llenaron de pelados otra vez y había nacido el oi! music: el punk rock modelo 1977 pero con otra temática lírica y con la adaptación de cantos populares y de cancha en los estribillos de los temas. A diferencia de muchos punks de clases acomodadas, los skins aclaraban en sus cánticos futboleros que ellos estaban “proud to be cockneys” (orgullosos de su origen trabajador). Bandas oi! como Cockney Rejects, 4 Skins o The Businesss no hablaban de anarquía y no future: su realidad pasaba por las huelgas de las fábricas, la delincuencia juvenil y las peleas en las calles o en la cancha. La situación socioeconómica fue aprovechada por el Frente Nacional, una agrupación de derecha, que se sirvió de aquellos punks que lucían esvásticas “para chocar a la sociedad”. Ellos y otros terminaron creyendo que la inmigración paquistaní e hindú era culpable de la desocupación reinante. Ahí aparecieron en acción los boneheads (cabezas huecas), skinheads fascistas que se distinguían por su uniforme: camperas flight, pelo ultra-corto y tiradores, que les permitían moverse con facilidad y no ser apresados por la policía. Ellos son quienes acaparan la imagen universal mediática de los skins.


Mariano Miramontes - Página / 12 - Suplemento No - 09/07/1998

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