Coopertoners

sábado, 21 de febrero de 2015

Pobreza


Es el hombre que tú nunca has visto quien te mantiene alerta,
el que ha de venir algún día.

Él no se encuentra en las calles o
en los edificios o en los estadios,
o si está allá lo he pasado por alto de algún modo.

Él no es uno de nuestros presidentes
u hombres de estado o actores.

Me pregunto si se encuentra allí.
Bajo las calles paso delante de farmacias y hospitales y teatros y cafés
y me pregunto si él se encuentra ahí.

He mirado casi durante medio siglo
y él no ha sido visto.

Un hombre vivo, verdaderamente vivo,
digamos cuando desciende la mano
al encender un cigarrillo ves sus ojos
como los ojos de un tigre mirando fijamente
al pasar en el viento.

Pero cuando las manos bajan
es siempre los otros ojos
los que están allá siempre.

Y pronto será demasiado tarde para mí
y habré vivido una vida
con farmacias, gatos, sábanas, saliva,
periódicos, mujeres, puertas y otros surtidos,
pero en ninguna parte 
un hombre vivo. 

Charles Bukowski. Pobreza.

jueves, 5 de febrero de 2015

Vendiendo hasta el alma.

Extrañas publicaciones de portales en donde se compra y vende hasta lo inimaginable.




Cuchara usada por el Papa


Irónica venta del 9 nueve de River. Sin ofertas a la vista.


Lo que se dice una madre ejemplar.


Capa de Harry Potter.


Alfiler en excelente estado.


Periodista ofrecido al mejor postor.


La publicación aclara "sin la percha"


Curso para dejar de ser enano.


Nada de perros o gatos. Para la soledad: Cucarachas.


Mano de obra barata.


Para aprender a ser chanta, empezá publicando un curso...para chantas.


En Uruguay ya se consiguen.


Para almas oscuras, grillos malditos.


Lo que se dice un buen negocio marital.


Nueva publicación del ex 9 de River.


Nada de pactos extraños. Para vender el alma Mercado Libre.

viernes, 2 de enero de 2015

Saavedra 1987. Huevo enfermo.


Siempre la madrugada aportaba su cuota de marginalidad. La esquina terminaba siendo el santo Grial: Una mezcla explosiva de desdentados, quemados peleadores, narradores fantásticos, facheros incurables y nosotros: Gente desclasada por aquello del "derecho de admisión" en boliches que estaban de moda. Algún gentil de ocasión arrimaba unas cuantas cervezas o botellas de un aperitivo generoso. El hielo por lo general escaseaba así que le dábamos duro y parejo a lo macho. Licor espeso que al día siguiente hacía estragos al hígado. Así conocimos a "Sin nombre", o como lo apodamos después, "Huevo enfermo". Lo vimos por primera vez en una madrugada de Julio allá por el ´87. Una silueta retorcida similar a Cuasimodo balbuceando incongruencias. Por lo general había complicidad ante un personaje extraño; Indiferencia. Si la cuestión se ponía espesa bueno, éramos diez, doce tipos con cara de pocos amigos. Nadie que estuviera en sus cabales intentaría buscar carroña. ésta no fue la excepción. Plantó bandera increpando a cada uno de nosotros sin que le comprendiéramos una sola palabra. Todo vocales. Pretendía plata en un nido de ratas. Al notar que su estrategia era un rotundo fracaso se iluminó el cielo, bajó un haz de luz sobre su bragueta, desabrocho el pantalón dejándolo caer hasta las rodillas y ahí quedamos, congelados en el tiempo. Las bebidas fermentaron, nuestras pupilas se agigantaron... de no creer. Un testículo del tamaño de un melón resplandecía inmaculado bajo la espesa lluvia. Era el mundo en un testículo con sus venas-autopistas irrigando litros de sangre. Mundo paralelo hundido en la degenarción pidiendo unas monedas como freak de circo. Nosotros, público aterrado que en lugar de encontrar veleidades nos topábamos con la realidad de un submundo ajeno a nuestras intenciones. Nos rasgábamos los bolsillos... ¡Denle una moneda! Mientras el infortunado fingía tocar el tambor con esa cosa, goles duros, que sonaba como coco a punto de partirse. ¿Quien era ese sujeto? Mezcla extraña de Diógenes y madre Kamikaze ...¡Que alguien lo pare! Invitaba a quien lo desee a palpar aquella esfera semipeluda de tono violáceo mientras nos corríamos como si se tratara de un agujero negro. Recolectamos unos cuantos pesos y el show, por fin, acabó. A pesar de que la lluvia había amainado el frío carcomía los huesos. El forastero había acumulado veinticinco pesos por una función de tres minutos. Todo un éxito. Lo peor, es que como toda alma en pena comenzó a visitarnos mas asiduamente. Pero previo pago a su montaje lo parábamos en seco de antemano con un vino en caja y un par de monedas. Con el tiempo nos enteramos que Huevo enfermo era el tercer hijo de una familia acomodada. Su adicción a la coca lo arrastró a un reformatorio, luego fué adicto al crack y después el sótano de los sin remedio: ansiolíticos con vino. Jamás conocimos a fondo su enfermedad. Solo esa imagen difusa de pantalones anchos, la frente empapada en sudor y aquella noticia lógica, si se quiere, de buscar chivos expiatorios en donde nadie va a reclamar. Catorce balazos de la policía mientras dormía en un desvencijado Fiat 600 sin dueño aparente. Esta mas que claro que el mundo no gira de acuerdo a los que pierden. Es mas, se alimenta de ellos. Que en paz descanse.

Extracto de "Un mundo aparte en una mirada diferente" NDD. CCP Ediciones.

1999

Suponía que no había nada que hacer. Ventinueve años y sin futuro prometedor. Vivía solo en un dos ambientes en Almagro con muchas amistades proclive a los excesos y mis dos paquetes de Parissienes para afrontar la que venga. En ese departamento transitaron actores, cantantes cuasi famosos y transexuales dispuestos a contarme las penurias de sus vidas. Supe que el consorcio elevó una queja a la administradora por ruidos molestos. Solo puedo decir que el portero estaba de mi lado. Solía regalarle botellas de un vino blanco que ahora no recuerdo, pero que era de su preferencia. "Ponete las pilas che" aconsejaba. Había roto un noviazgo-matrimonio de nueve años y en definitiva no quería esperar otra tertulia de amor protocolar. Pasaron algunos días de exceso etílico y giras interminables. Ni siquiera sabía que pasaría al día siguiente hasta que pasó. La vi, le dije lo bien que cocino y la invite a tomar unas cervezas en un bar que ya no existe sobre la calle Uriburu. Ella me dijo que siempre tuvo noviazgos difíciles y que desconfiaba de los hombres. Tomé un trago, aspire largamente mi cigarro y le dije: "Estas son las llaves del departamento, quiero vivir con vos" Ni siquiera nos habíamos besado. Han pasado catorce años y sigo con aquella chica que me dio dos hijos y algunas broncas por limar. Todavía sigue flotando en mi cabeza el tema que por aquellos días era la banda de sonido de mi vida. Ya no me pregunto si vendrán tiempos mejores. Será lo que tenga que ser, y que se cague todo el mundo.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Vivir y morir en las calles del centro


Corrientes y Maipú. Viejos fantasmas del primer Halley inundaron el cerebro. Unas cuadras mas abajo, sobre Reconquista, la fachada cambiada de lo que fue Palladium. Punto de encuentro para ver en vivo lo que ahora son mitos: Los Redondos, Los Violadores, Riff, Sumo. Imposible no tirar el ancla cuando arrecia la vorágine.
El teatro "ABC" invitaba a una noche de shows eróticos. Pura brillantina para púberes que se abrían paso a la lujuria. Cada chica tenía su hinchada exacerbada por dosis de alcohol al por mayor. Esmeralda y Lavalle se transformaba en una fuente inacabada de testosterona.
La Richmond ofrecía dos por tres en cervezas y tablas de queso. El rigor de la galantería, por lo general, me empujaba a la florería de Córdoba y Florida en busca de unas rosas que acompañaran de mi boca promesas de amor eterno. Tenía 17 años. La destinataria, por lo general, huía ante el primer taxi que asomaba. La madrugada para ellas no ameritaba mas que la calma de una pensión luego de tanta ebullición sentimental.
Las rosas y las cartas siempre iban a parar al mismo lugar: El gran desagüe donde seca sus lágrimas la ciudad. Soñaba mi muerte cada noche de Sábado sobre Maipú llegando a Plaza San Martín. Alguien me dijo, no recuerdo quien, que Borges había vivido por ahi y que un tal Peralta Ramos acompañaba sus solitarios pasos recitando poemas en voz alta.


Si el rumbo cambiaba, Avenida de Mayo deslumbraba atrasando cuarenta, cincuenta años en sus fachadas.
Si el ánimo era bueno, los 36 billares era el plan perfecto para despuntar el vicio en un par de cervezas bien heladas.
No era extraño ver señoras entradas en años, emperifolladas hasta la médula buscándole la vuelta a una existencia llena de tropiezos. Salían del teatro Avenida a la espera de que la función continuara en otro ámbito. Fantasmas obstinados en hacer prevalecer un deseo esquivo.
Los cafiolos arremetían entre grupos de pibes prometiéndoles la mejor noche de sus vidas, sin que estos intuyeran que dos pobres desgraciadas bancarían la parada con un desgano elocuente.
Tipos desgarbados a la espera de un sanguche mordido merodeaban en la puerta. Siempre había algún Samaritano que los contenía.


Sobre Cerrito, chicas que eran chicos ponían a prueba sus dotes femeninos con seducción indomable. Soledad era el denominador común de todos nosotros. Nos mirábamos de reojo y además de saberlo, nos gustaba. Ir y venir, todos los Sábados, con calor, frío o lluvia sobre esa gran cinta de Moebius de la cual nos parecía imposible salir. Tan difícil como dejar de respirar.
Ahora que todo cambió, se empieza a escribir una nueva historia sobre aquellas calles que siempre repite la misma receta: Vivir y morir por las entrañas de sus pasajes.

Extracto de "Un mundo aparte en una mirada diferente" NDD. CCP Ediciones.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Un mundo aparte en una mirada diferente.


Me habían dicho que los sueños no son en colores. Claro, son los que no tienen en cuenta que se puede soñar despierto en una madrugada lluviosa, con viento Sur  y destino incierto. Los gustos, como en el amor, siempre son vicios mal entendidos.

Intro de "Un mundo aparte en una mirada diferente"  NDD.