Coopertoners

martes, 18 de diciembre de 2012

Estúpidos hombres blancos

La historia se repite. Se seguirá repitiendo aunque les cueste creerlo. Es lógico pensar que para el capitalismo todo sea negocio, el problema es que no mida las consecuencias. Ya no son uno o dos locos sueltos los que riegan a balazos cines o escuelas. Los períodos entre un atentado y otro son cada vez mas cortos y los casos mas complejos. Lejos quedaron los renegados de Vietnam que seguían la guerra en plena Nueva York. Esos ya parecen haberse dado cuenta de la derrota. El nuevo enemigo es otro. Invisible, imprevisible, retorcido en sus ideas. Repasemos nombres: Eric Harris y Dylan Klebold, David Koresh, Timothy McVeigh, James Holmes, Bruce Edwards Ivins, Theodore Kaczynski y Jim Jones, entre otros, son los mas relevantes. Hace dos días fue el turno de Adam Lanza. Mas alla de sus ideas dispares los métodos de acción fueron muy similares: la muerte. Estados Unidos sigue a la vanguardia sobre la venta y posesión de armas. Un país armado es un país seguro,  asevera la asociación americana del rifle, aquella que fue investigada por Michael Moore en su exitoso  documental "Bowling for Columbine".
Excelente trabajo para recapacitar sobre una sociedad carente de valores. Ya lo dijo en varios de sus discursos el ex presidente George W. Bush: "El nuevo orden mundial esta en marcha". Sus palabras sonaron como balas. Y no estaba armado.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Cuando la realidad supera la ficción

Ahora que finalmente está aquí, en un prolijo DVD doble, un disco con la película, otro con los extras –que, claro, no pueden compararse con ningún extra realizado jamás–, la gran leyenda negra del cine se hace tangible y causa aún más terror. Hace dos años, cuando se supo que el director Kyle Cooper había aceptado completar la película que hasta entonces había abandonado por completo sin editar, muchos hablaron de perversión, morbosidad, indecencia, inmoralidad y hasta ilegalidad. Pero todos querían verla. Y cómo no.


 Por si alguno de ustedes recién despierta de un coma de treinta años o acaba de llegar de Venus, volveremos a relatar esa visita del Mal, esa sed de sangre que se apoderó de Rob Thomas, el actor que estaba destinado a ser el rostro y el espíritu de los ’70. Hasta ese momento, su carrera había sido impecable: un joven inquieto y algo desesperado, ansioso por salir de su pueblo chico en la primera película de Paul Brandt, Thunder Road; un joven suicida en More Than This, junto a Dustin Hoffman; un taxi boy ladino pero con corazón de oro en Because The Night de William Friedkin. Delgado y de una belleza sombría, Rob Thomas redefinió el atractivo masculino como lo había hecho antes Mick Jagger y, para colmo, su trabajo no estaba hecho sólo de carisma: tenía tanto talento.


 ¿Por qué decidió, entonces, hacer una slasher movie? Entonces no era un género reivindicado: las películas de asesino psicópata y adolescentes acosados se consideraban entretenimiento de mal gusto, para aullar en la sala de cine y desechar; y un entretenimiento para idiotas, además. Ignoramos los motivos reales de la decisión de participar en Bloody Night (en español, Nochebuena sangrienta) porque Thomas no hablaba demasiado con la prensa entonces; ser distante era parte de su personaje sombrío y hosco.


 O quizá no dijo una palabra porque su perturbación ya era inocultable. Aunque en las entrevistas que se hicieron, los libros que se escribieron y los documentales que se rodaron sobre la masacre de Bloody Night todos afirman que Rob Thomas era afable y simpático, incluso cuando llegaba al set algo borracho. Si tenía sus excentricidades, nadie lo notó. Eran los años ’70: una niña de 12 años podía interpretar a una prostituta en una película exitosa, y un film prohibido para menores de 17 años podía ganar el Oscar.


 Sinteticemos, entonces: el último día de rodaje, Rob Thomas tomó un cuchillo verdadero, idéntico al de utilería que usaba como arma en su papel de asesino serial disfrazado de Santa Claus, y asesinó a Brenda Hersch, la protagonista, a Jeffrey Anderson, asistente de dirección, y alcanzó a herir a Kyle Cooper, el director, antes de llevar el arma hasta su propio cuello y darse muerte seccionando la yugular.


 Cooper –en realidad, las cámaras– lo registró todo. Eso decía la leyenda. Eso acaba de dejar de ser leyenda. El “unseen footage” del DVD consiste en montones de escenas torpes y la que todo el mundo quiere y no quiere ver: la escena de los crímenes. Es silenciosa y brutal. Es real. Los estudios, Cooper y nosotros, espectadores, acabamos de traspasar un límite de consecuencias culturales y éticas impredecibles. Un film snuff acaba de debutar en los extras de un DVD que, en su primera semana, agotó la edición.


 Ah, también Bloody Night por fin está montada, con un final abierto para no usar ese cierre snuff. Cooper no volvió a trabajar en la industria del cine después de la masacre, y ciertamente perdió su talento como director o quizá nunca lo tuvo. Hay un joven que trabaja de Santa Claus en un supermercado –es Rob Thomas–; se saca fotos con los niños y, de noche, en vez de repartir regalos, asesina. Excepto porque los protagonistas morirán de verdad en la película, excepto porque creemos ver el brillo de la locura en los ojos de Rob Thomas y el del miedo en los de Brenda –se sabe, también, que ellos tuvieron un romance, lo que triplica el morbo–, la cinta es una predecible seguidilla de acuchillamientos con explicación psicologista.


 Esa explicación que los crímenes verdaderos no tuvieron. Teorías hay cientos, y todos las hemos escuchado. Hasta la madre de Rob Thomas, antes de morir, confesó que su hijo había tenido muchos más problemas durante su vida de los que nadie se había enterado; contó que era un genial simulador. Muchos parapsicólogos sostienen que se ve una silueta negra cerca de Thomas en varias escenas, una sombra que no es una sombra. Se habla de una visita a Charles Manson a la prisión, se habla de Dios y el Diablo. Se habla de celos enfermizos. Se habla de un pacto suicida entre los jóvenes actores, para así ser siempre hermosos y famosos. Pero no debería haber palabras para esa cinta que nadie quiso destruir y ahora todo el mundo puede ver.


 En los foros de Internet la discusión arde, y se viven verdaderas peleas a los puñetazos virtuales. Además, un coleccionista célebre de películas raras acaba de anunciar que posee la cinta de la autopsia de Brenda y Rob. Y que piensa venderla. Y en poco tiempo se podrá bajar. Asistiremos entonces al desnudo final. Y que viva la muerte.

 Mariana Enriquez


 Página / 12 Domingo 23 de Diciembre de 2007

martes, 11 de diciembre de 2012

domingo, 9 de diciembre de 2012

Ser feliz




Cuando Duchamp, casi al final de su vida, responde a la pregunta: ¿cuál fue su mejor obra?, quizás no percibió que su respuesta, años después, iba a ser considerada por otros su mejor obra, ésa que solamente resulta de la magia, ese arte sublime que consiste en aliar lo que se sabe con la capacidad de obrar.
Pocas veces Duchamp habla de arte; es público que de muchas de sus obras haya dicho él mismo que no eran arte, aunque las miremos y comprendamos como tales. Es el tono en que hace estos enunciados lo que evidencia el lugar desde el cual está hablando Duchamp. Un ejemplo, cuando a la pregunta ¿cree usted en dios?, él contesta: “No, en absoluto. Es un invento del hombre”, nos importa más saber desde dónde lo dice que si tiene razón o no.
¿Desde dónde se dicen las cosas?
¿Desde el yo freudiano que cuando opina cree con firmeza que está haciendo verdad?
¿Desde el sistema mismo?
¿Hablamos lo que sabemos?
¿Desde qué lugar habla Duchamp cuando habla sonriendo?
¿Se puede ser tan pero tan radical sin gritar, sin golpear?
Sí, creo que es posible, él al menos lo hace.
Sepan disculpar el rodeo pero es lo que trato de hacer, de rodear este bosque que llamo Duchamp, el bosque Duchamp, lugar del origen, del logos, de la tradición que sustenta cada una de sus palabras. ¿El Humanismo, la Grecia presocrática? Seguramente él hubiera contestado que todo está en Roussel. Sin embargo, ésta es también una pista. Roussel escribe obedeciendo a la cacofonía de las palabras y no al sentido que hasta ese momento se les otorgaba; resulta ser la misma operación que fundamenta dar vueltas un mingitorio. Es Diógenes pidiendo al emperador que se corra porque le tapa el sol. No es Rimbaud exento de sentidos; lo que Duchamp hace es encontrar otro sentido, uno que restituya el aire que falta, la respiración, el arte de respirar. “Soy un respirador”, solía decir satisfecho.
¿Sirve de algo decir que Duchamp es platónico, surrealista o dadá? ¿Sirve de algo, y lo pregunto en este momento histórico tan pequeño burgués que nos toca habitar, pregunto: sirve de algo masticar el misterio? ¿Sirve de algo definir la obra de alguien que específicamente decidió mantenerla en el más neutral de los misterios?
En el Renacimiento se consideraba que al revés de la Naturaleza, el hombre primero experimentaba para luego hacer razón esa experiencia. Aunque aún no hable de la obra que da motivo a este texto es bueno saber desde qué lugar hablo. Hablo desde la experiencia Duchamp. Me formé como persona en esa experiencia que hoy transformada en razón me hace libre, libre después del saber que otorga la experiencia.
Más que un maestro, él es un compañero de revoluciones.
La obra en sí es difícil de ver. No está en museos, tampoco en colecciones, o reproducida en libros de arte. En verdad, no se puede ver porque, como toda obra de Duchamp, no es para ver sino para practicar. ¿Practicar qué? Tiro al blanco, por ejemplo.
Claro que en comparación con la silla+triágulo de grasa de Beuys, esta obra de Duchamp, al carecer de cuerpo y de olor resulte algo diferente. El Gran Vidrio que hizo visible lo transparente es también otro sentido, otra obra. Esta, en cambio, transporta más de un sentido, y en vez de concentrarse en un cauce se hace delta, se abre, se expande. Es una obra sin dimensiones previsibles. Uno podría dimensionarla en centímetros pero sería un obrar inútil, sin medida.
¿Qué estilo?
Bueno, podríamos decir en este caso particular que el estilo es el tono. Otra vez, el lugar desde el cual se habla aquello que se sabe. Imaginen ustedes un hormiguero, que lo abren y lo miran desde arriba como un espectáculo; millares de hormigas yendo y viniendo, hablando a la misma vez, nerviosas, y al fondo de todo este cóncavo escenario una hormiga, una sola que habla despacio sin deseo de interrumpir. La voz de esa hormiga es el tono Duchamp, el tono de la obra que comparto, la respuesta de Duchamp.
“El espectador completa la obra”, dijo él una vez. Adhiero: es verdad que el espectador hace de la obra algo suyo, se la apropia al punto que el autor se diluye, desaparece.
En el caso de la obra elegida la responsabilidad del espectador es mayor: hacer con propia mano aquello que la obra propone.
¿Qué propone?
Ser feliz.
¿Qué respondió Duchamp?
Ser feliz.

Remo Bianchedi.  Página / 12   Octubre 20 de 2012.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Los hijos de puta son los otros


¿Listo para abandonar este mundo? ¡Claro que si! Unos pocos pasos y fuera de órbita. Lógico, piensas cómo te llorarán esos inútiles. No hay mundo amigo, es solo un espectro. Déjalos con sus compras, sus noticieros, sus programas de cable y sus revistas faranduleras. Acabarán, quieran o no, como uno, mirando los rabanitos desde abajo. Podría haber sido cierto lo de aquella chica, pero faltan fuerzas muchacho. Y en este mundo, si no hay fuerzas, estás acabado.

 Pensar que no creías en entidades malignas, pero al final has comprobado día tras día la capacidad destructiva de nuestra especie. Era lógico de suponer que el diablo era una invención del hombre para resguardar su lado oculto, sus intenciones, lo que no puede contar ni mostrar de sí mismo. El símbolo de pertenencia desvela al hombre. ¿Te imaginas despojados de todo lo que ansían esos hipócritas? Lo material no quita lo humano amigo, peores son los que aspiran a dominar la voluntad de los demás.

Parece que la fórmula ya existe, alguien la vendió a una extraña logia pagana. Rememorando viejos escritos, la guerra de los mundos no es nada comparado a lo que se podría llegar a venir ¿no es cierto? Los masones siempre esconden algo ¿Porque sera?

 Pero nos fuimos de viaje compañero, ahora esta usted y su arma. Lista para el impacto, su cabeza. No es conveniente pensar ¿Sabe? La decisión debe ser tomada como una ráfaga que invade su sistema nervioso sin dejarlo reaccionar. En unos pocos segundos estaré allí para ayudarlo a salir rápidamente del sistema, sólo lo haré si lo veo convencido. Confíe en mí amigo. Este negocio es muy particuular: solo es atendido por su dueño. ¡Adelante!

Extracto de "Un mundo aparte en una mirada diferente" NDD 1997 Krocoop Editores.

martes, 4 de diciembre de 2012

"The chaser" John Collier

Si uno busca el amor a toda costa, por mas barato que cueste, que se atenga a las consecuencias. Excelente cuento de este escritor Norteamericado publicado en 1940, narrado por el inigualable Alberto Laiseca. Saquen sus conclusiones.

lunes, 3 de diciembre de 2012

El poeta maldito


Una pequeña cosa negra ante la nieve,
¡Gritando ‘llora, llora
 en notas de desgracia!
“¿Dónde está tu padre y tu madre? Dilo”
“Ambos han ido a la iglesia a rezar.
”Porque estaba feliz en el brezal,
Y sonreí ante la nueva invernal.
Me vistieron en las vestiduras de la muerte,
Y me enseñaron a cantar las notas de desgracia.
”Y porque soy feliz y bailo y canto,
Creen ellos que no me han hecho ningún daño,
Y se han ido a alabar a Dios y su Sacerdote y Rey,
Quienes han hecho un paraíso de nuestra miseria.


"The chimeny sweeper"  William Blake