Coopertoners

jueves, 9 de diciembre de 2010

Calibres, dedos y errores de apreciación.


Ni lo duden. Desde que el mundo es mundo existieron los veletas. Antepenúltimo escalón en la escala social. Cipayeros, si se me permite la expresión. Es que la gran explosión, el inicio de todo, el Big Bang en definitiva, trajo consigo ese gen nefasto que altera la conducta de algunos individuos haciéndoles crecer el dedo índice apenas unos milímetros mas de lo normal. A simple vista resulta casi imposible percibirlo. Pero tampoco hay que paranoiquearse en demasía, solo basta llevar consigo un calibre para medir falanges a las que suponemos inquisidoras. El tema es cómo comprobar a ciencia cierta si el nuevo compañero de trabajo o el remisero del barrio es un doble espía sin caer en errores difíciles de subsanar. Muy simple, es cuestión de preguntar banalidades como en dónde está la máquina de café, la calle tal o donde se comen los mejores morcipanes de Buenos Aires. Si el tipo arguye conocimiento señalando insistentemente con el dedo, estamos ante un posible delator en potencia. Ahí si, sin medir agua va usted saca el socotroco milimétrico y se lo zampa en el dedo. Este equivocado o no siempre va a ser mejor que lo que le pasó al Turco Morel, que ante el desprevenido pedido de auxilio por parte de una anciana que lo tomó del brazo señalándole la vereda de enfrente el bestia terminó por partirle el zapallo a puro bastonazo.
Por lo general estas teorías conllevan muy a menudo a errores de apreciación. Gracias a dios no la mató y con viento a favor queda libre en dos días.
Fuerza Turquito. Mientras tanto seguiremos tratando de reafirmar nuestras hipótesis al respecto.

martes, 7 de diciembre de 2010

Microficciones II


Carlitos Cabulé era un tipo de suerte. Dicen los que lo conocieron que se jugó todo lo que tenía a su alcance apostando al 17. Tenía un modo muy particular al detallar, con los productos que ofrecía en su comercio, las derrotas cabalísticas. "Anoche me jugué 12 kilos de asado, 20 ruedas de morcilla, 23 chorizos y 6 kilos de molleja, pero las del lóbulo inferior del timo que son las mas caras eh..."
No eran extrañas las ocasiones en que aquel comercio de carne, por lo general los Sábados a la mañana, se exhibieran solamente un par de bolsas de carbón o alguna que otra entraña de dudosa caducidad. Así y todo siguió firme con el 17, augurándole mas dolores de cabeza que placenteros pases de ocio.
La última noche que lo vieron, mas precisamente un día después de haber sido rematado su negocio, se emperifolló de punta en blanco y con las últimas "lingas" enfiló a todo o nada rumbo al casino flotante. "Hoy es la mía" -Lo escucharon balbucear.
Cuentan que agarró no menos de cuatro plenos con "La desgracia" y que, al salir eufórico del recinto, no pudo ver lo que se le avecinaba. Un colectivo que une a Wilde con Recoleta lo había dejado culo para arriba sin chance alguna de resurrección.
Si, el colectivo era de la línea 17. Lo que se dice un tipo con suerte.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Microficciones


Al andar por la noche se sueña despierto. Se destraban modalidades que bajo los rayos del sol se juzgan impropias, agresivas. La noche tiende a sucumbir en sexo cuando se lo busca. Pujas de oferta - demanda y gustos de los mas variados. No anidan en ella la santa pacatería de los viejos/as que miran con recelo tanta libertad expuesta fuera de sus celdas. La carne es débil cuando los faroles iluminan el empedrado húmedo que sirve de pista para la danza mas bella que jamás halla existido. Si llueve mejor. Algunos perros a veces son testigos de la infidencia. Suenan las sirenas en busca de un cuerpo. Un cuarto explota de polvo fraudulento y no les miento si les comento que en ese momento, augurando un presagio que añoraba hace tiempo, salí en busca de lo que creía que me correspondía. Eran las tres de la madrugada y, entre pitadas profundas y pasos acelerados, me topé con lo que a mi parecer no era correspondido. "Dame todo imbécil y no me mires a los ojos" -Me dijo.
Lógico, entre tantos sueños alguna pesadilla siempre se entromete de antemano.

jueves, 2 de diciembre de 2010

El lado oscuro de la tierra


"Aquellas historias con las que me había encontrado y que habían sido como un rumor que me ayudaba a escribir; ahora eran un estruendo que me impedía escuchar mi propia voz. En los últimos meses, había oído demasiado y había visto cosas que hubiera preferido no ver".

Polo durante el capítulo "Día de cierre", El otro lado, 1993.

Cuesta encontrar tipos querendones y accesibles, mas si son famosos. Fabián fue uno de ellos. Promulgó un periodismo inusual, con entrevistados freaks, perdedores noctámbulos y hasta con tipos que se explayaban durante toda una emisión sobre cómo cazar pajaritos. Hubo programas entrañables como el de "Costita" que buscaba oro entre la mierda por los agujeros subterráneos de la ciudad. "A veces veo que la vida de ciertos tipos te deja reducido a nada" Reflexionaría mas tarde. En sus programas no había un hilo conductor. En él entraban y salían personajes de fábula, rimbombantes e hiperkinéticos en algunos casos, gente común y corriente, veletas enquistados en las entrañas de los barrios y travestis no muy femeninos en otros. Allí se exponía la corteza seca de una sociedad que siempre mostraba sus atributos mas bellos (No nos olvidemos lo que fueron los 90 en este país)
Polo fue un buceador aficionado en aguas infestadas de pirañas. Supo como nadie escuchar, pero le fue imposible asimilar esas historias que fueron hiriendo su espíritu. "No es sencillo hablar de verdad. Se viven momentos muy fuertes. Me están hablando de su vida, y yo me voy con eso adentro.Yo me voy de todos esos lugares pensando que voy a volver" Diría en una entrevista. Tuvo que hacer terapia por que no supo sacarse todos esos fantasmas que se le pegaban de las entrevistas. En una de la tantas emisiones le preguntó a un maquinista en dónde ocurrían mas suicidios: "En la estación de Santos Lugares" contestó el hombre.
Polo se quitó la vida el 3 de Diciembre de 1996 sellando su propia historia sobre las vías de aquella estación de tren. Extraña paradoja, publicaría años mas tarde a modo de homenaje la revista Sudestada, aquello que lo hacía diferente, lo iba lastimando despacio. Muy despacio.